Teleportación Cuántica

¿Es posible la teleportación? — Teleportación Cuántica

Cuarta entrega: cuando la física habla en serio. Teleportación Cuántica.

Conviene empezar recordando algo importante. Mis conocimientos en física son limitados. No soy físico teórico ni trabajo en un laboratorio de óptica cuántica. Lo que intento hacer aquí es comprender lo que Eric W. Davis expone en su informe y traducirlo a un lenguaje más accesible, sin traicionar lo que realmente dice. Sabrá perdonarme usted, si pare este menester, he solicitado la ayuda de una Inteligencia Artificial.

En esta cuarta entrega de ¿Es posible la teleportación?, nos adentramos en la llamada Teleportación Cuántica, un concepto que, a diferencia de los anteriores, sí tiene base experimental real.

Pese a que el contenido pueda parecerle totalmente científico, yo le invito a seguir leyendo. Le aseguro que, esta ciencia, se reserva un giro argumental digno de una novela de terror fantástico.

El entrelazamiento cuántico: no es ciencia ficción

La Teleportación Cuántica se basa en el fenómeno conocido como entrelazamiento o enredo cuántico. Dos partículas pueden quedar vinculadas de tal forma que, aunque se separen por grandes distancias, el estado de una queda correlacionado con el de la otra.

Esto no es especulación. Ha sido demostrado en laboratorio.

Ahora bien, aquí aparece el primer malentendido habitual: en la Teleportación Cuántica no se transporta materia. No desaparece un objeto en un lugar y aparece en otro.

Lo que se transporta es el estado cuántico del sistema.

Es decir, la información que describe cómo está configurada esa partícula o conjunto de partículas.

Un símil necesario

Intentemos imaginarlo de otra forma.

Supónga que un ser humano fuese como una sinfonía extremadamente compleja. No el instrumento. No la partitura. Sino la música exacta que está sonando en un instante concreto: cada nota, cada intensidad, cada vibración.

En la Teleportación Cuántica no se transporta el instrumento. No se transporta la orquesta. Lo que se transporta es la estructura exacta de la música en ese momento.

Imagina ahora que existe otra orquesta perfectamente preparada, en silencio, enlazada con la primera. Cuando recibe la información adecuada, comienza a tocar exactamente la misma música. En ese instante, la primera deja de sonar.

La música continúa. Pero ningún instrumento ha viajado.

Si llevamos el símil al extremo humano, no viajaría tu cuerpo. No viajarían tus átomos. Lo que “viajaría” sería el patrón exacto que describe cómo están organizados esos átomos, en ese instante.

En destino no aparecería tu materia original. No aparecerías tú. Aparecería otra materia organizada exactamente igual que la tuya. Aparecería otro exactamente igual que tú.

Y aquí surge la pregunta inquietante: si el patrón de los átomos es idéntico… ¿eres tú?

La Teleportación Cuántica no es un problema de transporte. Es un problema de identidad.

¿Cómo funciona realmente?

Entrelazamiento Cuántico
Imagen generada con Inteligencia Artificial con fines ilustrativos.

El esquema propuesto en los años noventa por Charles H. Bennett y otros investigadores es, simplificando mucho, el siguiente:

  • Dos partículas están previamente entrelazadas: A y B.
  • Una tercera partícula C contiene el estado que queremos teletransportar.
  • Se realiza una medición conjunta sobre A y C (medición de Bell). Esta medición destruye el estado original de C. El sistema A+C queda proyectado en uno de varios estados posibles.
  • Se envía información clásica (dos bits) que indican cuál fue el resultado de esa medición.
  • Con esa información, el receptor aplica una transformación específica sobre la partícula B. Tras esa transformación, B adopta exactamente el estado que tenía la partícula C antes de la medición.

No hay copia. No hay duplicación. La mecánica cuántica prohíbe la clonación perfecta.

Y el lector preguntará ¿Pero esto no iba de teletransportar humanos o cosas? Y, la idea general del estudio de Davis es justamente esa. Sin embargo, es imprescindible conocer los preceptos del Entrelazamiento Cuántico, a nivel atómico, para poder transportarlo a un objeto más complejo.

¿Teleportación Cuántica de humanos?

Teleportación Cuántica de humanos
Imagen generada con Inteligencia Artificial, con fines ilustrativos.

Si trasladamos este principio al caso hipotético de un ser humano sometido a un proceso de Teleportación Cuántica, la consecuencia sería difícil de ignorar: el “estado original” tendría que desaparecer para que el “estado” apareciera en destino. No existirían dos versiones simultáneas. No habría copia que coexistiera con el original. El “patrón” cuántico que define al individuo sería transferido y reconstruido en otro lugar, pero el cuerpo inicial dejaría de existir en el proceso.

Desde el punto de vista físico, el sistema final sería indistinguible del inicial. O sea, que el humano que apareciera al otro lado del entrelazamiento, sería indistinguible del que había antes de la teleportación. Desde el punto de vista existencial, la pregunta es inevitable: ¿se trataría de un viaje… o de una sustitución perfecta?

Y aunque el entrelazamiento parece instantáneo, la información clásica necesaria para completar el proceso no viaja más rápido que la luz. No se viola la relatividad. ¿Qué significaría esto, si quisiéramos teletransportar cuánticamente a un ser humano?

El hecho de que la información clásica necesaria para completar la Teleportación Cuántica no pueda viajar más rápido que la luz introduce un matiz crucial. Si aplicáramos el protocolo a un ser humano, como ejercicio puramente teórico, el estado original tendría que ser destruido en el momento de la medición. Sin embargo, el sistema en destino no podría reconstruirse hasta que la información clásica llegara por un canal convencional. Eso implicaría que no existiría una transición instantánea entre un punto y otro, sino un intervalo, aunque fuera mínimo, durante el cual el original ya no estaría y el “nuevo” aún no habría aparecido. No sería un viaje continuo, sino una secuencia física estricta, sujeta a los mismos límites que gobiernan cualquier transmisión de información en nuestro universo.

En palabras más llanas, si teletransportáramos a un ser humano, mediante este método, habría un momento dado en que este, dejaría de existir, por un breve espacio de tiempo. Será pura física teórica, pero la idea resulta un tanto inquietante.

¿Hasta dónde hemos llegado?

Se han teletransportado estados de fotones y estados de átomos individuales. Se han entrelazado conjuntos de billones de átomos bajo condiciones muy controladas.

Pero siempre hablamos de estados cuánticos específicos, aislados del entorno, en condiciones extremadamente delicadas.

No hablamos de personas.

El gran límite: la decoherencia

Aquí aparece el verdadero muro: la decoherencia.

Un sistema cuántico es extremadamente frágil. En cuanto interactúa con su entorno, temperatura, vibraciones, moléculas de aire, pierde su comportamiento cuántico y se comporta como cualquier objeto clásico.

Eso ocurre constantemente en el mundo real.

Para teletransportar algo complejo sería necesario:

  • Mantenerlo en un estado cuántico puro.
  • Aislarlo casi por completo del entorno.
  • Extraer una cantidad gigantesca de información.

Y aquí volvemos a toparnos con el mismo muro que vimos en la teleportación de la ciencia ficción: los límites físicos y prácticos.

Un ser humano respira. Emite calor. Interactúa constantemente con su entorno.

Mantener algo tan complejo en un estado cuántico puro sería como intentar que la sinfonía sonara en un vacío absoluto, sin aire, sin interferencias, sin ruido alguno.

Y eso, a día de hoy, no sabemos cómo hacerlo.

Entonces, ¿es viable?

La Teleportación Cuántica es real en el sentido experimental. Funciona. Está demostrada. Pero funciona a escala microscópica y bajo condiciones extremadamente controladas.

Teletransportar un organismo completo no es simplemente un problema tecnológico pendiente. Es un problema que choca con límites físicos fundamentales.

Y sin embargo, tras analizar estos límites, el informe de Davis introduce un capítulo todavía más polémico: la Teleportación Psíquica.

Si la física impone estas barreras, ¿cómo encaja ahí la mente humana? En la próxima entrega entraremos en ese terreno. Y ahí la conversación dejará de ser exclusivamente cuántica.

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