Si en las entregas anteriores hemos recorrido los programas norteamericanos y las investigaciones soviéticas en psicotrónica, lo que viene ahora es, sin exagerar, el apartado más extraordinario de todo el estudio de Eric W. Davis. Hablamos de experimentos en China en Teleportación Psíquica.
Y precisamente por eso he querido dejarlo como colofón final.
Porque si uno lo lee sin contexto, podría pensar que está ante un relato propio de un foro conspiranoico o de un creepypasta de madrugada. Pero no. Lo que vamos a exponer aparece recogido en un informe oficial del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, revisado por la DIA y desclasificado. Y eso cambia radicalmente el marco de lectura.
Aquí no hablamos de rumores. Hablamos de documentos traducidos, archivados y analizados por agencias de inteligencia occidentales.
El artículo de 1981 que encendió las alarmas

En septiembre de 1981 se publicó en la revista china Ziran Zazhi un artículo titulado:
“Some Experiments on the Transfer of Objects Performed by Unusual Abilities of the Human Body”.
En él se describían experimentos realizados con niños considerados “superdotados” en habilidades psíquicas. Según el informe, estos niños eran capaces de provocar la aparente teleportación de pequeños objetos, micro-transmisores de radio, papel fotosensible, relojes mecánicos, moscas y otros insectos, desde un punto a otro situado a varios metros de distancia, sin tocarlos en ningún momento.
Los experimentos se llevaron a cabo bajo condiciones excepcionalmente controladas, incluyendo protocolos ciegos y doble ciego. Participaron observadores de universidades, institutos médicos y representantes de la Comisión Nacional de Ciencia de Defensa de la República Popular China.
Debido precisamente a la implicación de esta comisión, la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) elaboró un Intelligence Information Report no clasificado que incluía una traducción detallada al inglés del artículo original.
Es decir, esto no circulaba como rumor: fue objeto de análisis formal por parte de la inteligencia estadounidense.
Experimentos posteriores y documentación técnica
Los experimentos en China en Teleportación Psíquica no terminaron en 1981.
En julio de 1990, el Chinese Journal of Somatic Science publicó nuevas investigaciones realizadas por el Instituto de Ingeniería de Medicina Aeroespacial de Pekín. También fueron traducidas por la DIA.
En estos experimentos se utilizó grabación en vídeo y fotografía de alta velocidad para documentar la transferencia de objetos como:
- Nueces
- paquetes de cerillas
- pastillas
- clavos
- hilos
- papel fotosensible
- esponjas impregnadas en FeCl3
- micro-transmisores de radio
Los objetos eran colocados dentro de sobres sellados, bolsas de doble capa, botellas de vidrio cerradas, tubos con tapas selladas o recipientes de plástico. Y, según los informes, atravesaban las paredes sin que estas sufrieran daño alguno.
Antes y después del proceso, tanto el objeto como el recipiente eran sólidos e íntegros.
Y aquí viene un detalle que Davis subraya: las condiciones para el fraude estaban eliminadas. Los sujetos no podían ver ni tocar los objetos; en muchos casos estaban vendados. Solo los experimentadores manipulaban los recipientes. Había testigos técnicos y militares independientes presentes en todo momento.
¿Qué registraron las cámaras?

Los resultados combinados mostraban varios fenómenos intrigantes:
En algunos casos, la fotografía de alta velocidad mostraba cómo el objeto parecía “fundirse” o mezclarse con la pared del recipiente antes de desaparecer.
En otros casos, el objeto simplemente desaparecía y reaparecía segundos o minutos después en el destino.
El tiempo necesario para la teleportación variaba desde fracciones de segundo hasta varios minutos, y no dependía ni del objeto utilizado, ni del grosor del recipiente, ni del protocolo experimental, ni del sujeto implicado.
Pero quizá el dato más inquietante fue el del micro-transmisor.
En uno de los experimentos, el objeto teletransportado emitía una señal de radio monitorizada por varios receptores. Durante el proceso, la intensidad y frecuencia de la señal fluctuaban de forma radical, hasta volverse extremadamente débil o desaparecer por completo. Después reaparecía, coincidiendo con la aparición del objeto en el punto de destino.
Según el informe, parecía existir una correlación clara entre la pérdida de señal y el momento de la teleportación.
Davis interpreta este dato como indicio de que el objeto podría entrar en un estado físico alterado, o incluso “no existente” desde el punto de vista instrumental, durante el proceso.
No hablamos, por tanto, de simple desintegración y reintegración material.
El problema físico: nadie supo explicarlo

A pesar de que los investigadores chinos afirmaban que los resultados eran repetibles bajo condiciones controladas, no fueron capaces de ofrecer una hipótesis física sólida que explicara el fenómeno.
Algunos propusieron que sería necesario invocar una nueva física que unificara conciencia, mecánica cuántica y física del espacio-tiempo.
Y aquí es donde Davis introduce una de las ideas más sugerentes del informe. La posibilidad de que estos fenómenos pudieran estar relacionados con geometrías de dimensiones superiores. El “fundido” del objeto con la pared podría interpretarse como un movimiento o rotación a través de una cuarta dimensión espacial, que nuestra percepción tridimensional solo puede interpretar como desaparición o mezcla.
No es una afirmación. Es una hipótesis.
Y Davis es claro en esto. Necesitamos una teoría física de la conciencia y más datos experimentales antes de poder hablar de mecanismos reales.
Teletransporte Psíquico y cambio de paradigma
En las conclusiones del estudio, Davis sostiene que existe una gran cantidad de datos experimentales, acumulados durante décadas, que sugieren la realidad física del Teletransporte Psíquico y fenómenos psi relacionados. Y advierte al lector escéptico que no descarte el tema con demasiada rapidez. No porque esté demostrado en el marco de la física actual. Sino porque las anomalías son, históricamente, el germen de los cambios de paradigma. La física clásica no pudo explicar ciertos fenómenos… hasta que nació la física cuántica. La relatividad transformó nuestra comprensión del espacio y el tiempo.
Si el Teletransporte Psíquico fuese verificado algún día, estaríamos ante un fenómeno capaz de provocar una revolución tecnológica y conceptual sin precedentes. Por ahora, lo único que podemos afirmar con rigor es esto:
Los experimentos chinos existen en los documentos. Fueron analizados por agencias de inteligencia occidentales. Y siguen sin explicación dentro del paradigma físico dominante.
Y eso, como mínimo, merece ser pensado.
Anexo final: del mito tecnológico a la anomalía documentada
Si echamos la vista atrás y recorremos todo el trayecto de esta serie, el mapa es curioso.
Comenzamos con la SF-teleportación, esa imagen popular heredada de la ciencia ficción en la que un cuerpo se desmaterializa aquí y reaparece allí. Una idea seductora, pero que al pasar por el tamiz de la física revela exigencias energéticas y de información prácticamente inasumibles.
Después analizamos la Teleportación Exótica, con universos paralelos, espacio cero y agujeros que doblan la geometría del espacio-tiempo. Hipótesis fascinantes, pero sin una arquitectura física demostrada que permita convertirlas en tecnología.
Nos detuvimos luego en la Teleportación Cuántica, donde por primera vez abandonamos la especulación pura. Allí sí hay laboratorio, ecuaciones y experimentos reproducibles. Pero también límites claros: no se transporta materia, sino estados cuánticos; no hay clonación perfecta; no se viola la relatividad. El fenómeno es real, pero no es el que la imaginación popular cree.
Y finalmente llegamos al apartado más incómodo: la P-Teleportation, el Teletransporte Psíquico.
Aquí el escenario cambia. No estamos ante modelos matemáticos, sino ante informes históricos. Programas estadounidenses, psicotrónica soviética, experimentos en China en Teleportación Psíquica documentados y traducidos por agencias de inteligencia occidentales. No hablamos de pruebas concluyentes, sino de anomalías registradas bajo protocolos que, según los documentos, pretendían ser rigurosos.
Eric W. Davis no afirma que el Teletransporte Psíquico esté demostrado. Lo que sostiene es algo más sutil: que existe una cantidad considerable de datos experimentales en el ámbito psi que no encajan cómodamente en el paradigma físico actual. Y que, por tanto, descartarlos sin examen puede ser intelectualmente prematuro.
En sus conclusiones sugiere que, si estos fenómenos fueran reales, podrían implicar la necesidad de una nueva física que integrara conciencia, mecánica cuántica y estructura del espacio-tiempo. No como especulación gratuita, sino como posible ampliación del marco teórico, del mismo modo que ocurrió en otras revoluciones científicas.
Aquí conviene ser honestos.
La historia de la ciencia está llena de anomalías que acabaron siendo errores experimentales o interpretaciones equivocadas. Pero también está llena de anomalías que abrieron puertas inesperadas.
El hilo conductor desde la SF-teleportación hasta el Teletransporte Psíquico no es una afirmación de que “todo sea posible”. Es un recorrido por los límites del conocimiento. Un viaje que empieza en la ficción, pasa por la física formal, roza la geometría de dimensiones superiores y termina en informes que, como mínimo, obligan a hacerse preguntas.
¿Estamos ante errores metodológicos magnificados por la Guerra Fría? ¿Ante propaganda estratégica? ¿O ante fenómenos reales que todavía no sabemos explicar?
Davis deja la puerta entreabierta. No cierra el caso. No lo da por demostrado. Y quizá esa sea la postura más honesta.
Porque si algo enseña este recorrido es que la teleportación, en cualquiera de sus versiones, no es simplemente un problema tecnológico. Es un desafío conceptual. Nos obliga a preguntarnos qué entendemos por materia, información, identidad y, en último término, consciencia.
Y ahí es donde la pregunta inicial cobra más sentido que nunca: ¿Es posible la teleportación?
Tal vez la respuesta no sea un sí o un no. Tal vez sea un todavía no sabemos.
Y eso, en ciencia, no es una derrota. Es el principio de la investigación.



