Hasta ahora, en esta serie hemos recorrido la ciencia ficción, la teleportación exótica y la teleportación cuántica. En todos los casos hemos visto límites físicos claros. Sin embargo, el informe de Eric W. Davis dedica un apartado específico a algo que, a primera vista, parece pertenecer más al ámbito de la parapsicología que al de la física: la llamada P-Teleportation, o teletransporte psíquico.
Conviene aclararlo desde el principio. No soy físico ni parapsicólogo, aunque formo parte de un equipo que investiga este tipo de anomalías. Mi objetivo aquí no es defender ninguna postura, sino examinar lo que recoge el informe y contextualizarlo históricamente.
La parapsicología define la psicokinesis como la supuesta capacidad de la mente para influir sobre la materia sin intervención de fuerzas físicas conocidas. Dentro de este marco se incluye la telequinesis (mover objetos) y, en un grado más extremo, el llamado “aporte”: la aparición o traslado de objetos sin desplazamiento observable.
Lo sorprendente no es que existan estas definiciones. Lo sorprendente es que, durante décadas, agencias gubernamentales de primer nivel consideraron suficientemente plausible la posibilidad de estos fenómenos psíquicos como para investigarlos de forma sistemática.
MK-Ultra: el contexto inicial
El interés estadounidense por las capacidades mentales no convencionales se remonta a los años cuarenta y cincuenta, en pleno clima de Guerra Fría. El programa más conocido de esa época es MK-Ultra, dirigido por la CIA bajo la supervisión de Sidney Gottlieb.
Es importante ser precisos: MK-Ultra no fue un programa centrado en la psicokinesis ni en la teleportación. Su objetivo principal fue el estudio del control mental, técnicas de interrogatorio y manipulación psicológica, incluyendo el uso de sustancias como el LSD.
Sin embargo, el clima intelectual de aquella época favoreció el interés por fenómenos mentales extraordinarios. Figuras como Andrija Puharich, médico con interés en hipnosis y fenómenos psíquicos, mantuvieron vínculos con entornos militares y realizaron investigaciones paralelas relacionadas con capacidades mentales. Este contexto forma parte del caldo de cultivo que más tarde desembocaría en programas más estructurados.
Proyecto Stargate: visión remota, no teletransporte

En los años setenta se puso en marcha el programa que con el tiempo sería conocido como Proyecto Stargate. Sus patrocinadores incluyeron la CIA, la DIA y otras agencias vinculadas a la defensa.
Su núcleo de investigación no fue la psicokinesis, sino la visión remota: la supuesta capacidad de obtener información sobre personas o lugares distantes sin mediación sensorial.
El programa operó inicialmente en el Stanford Research Institute (SRI), bajo la dirección de Harold Puthoff y Russell Targ, y más tarde pasó a la empresa SAIC bajo la dirección de Edwin May. Entre los colaboradores estuvo el conocido psíquico Ingo Swann.
Durante más de dos décadas se realizaron experimentos controlados, evaluaciones estadísticas y análisis de resultados. Algunos informes, como la evaluación de la estadista Jessica Utts, concluyeron que los resultados merecían mayor estudio. Otros análisis fueron mucho más escépticos.
Lo importante aquí no es afirmar que la visión remota funcionara o no. Lo importante es que existió un programa formal, financiado durante años, con protocolos experimentales y supervisión científica.
Eso, por sí mismo, es un hecho histórico.
Psicokinesis en entornos oficiales
Paralelamente, hubo interés por la psicokinesis. Figuras como el coronel John B. Alexander y el ingeniero aeroespacial Jack Houck promovieron experimentos relacionados con el doblado de metales y otros fenómenos.
Algunos de estos ensayos tuvieron lugar en entornos oficiales, incluso en instalaciones vinculadas al ámbito militar. No obstante, conviene distinguir entre iniciativas de interés y programas estructurados con financiación sostenida.
En los años ochenta, el Laboratorio de Investigación de Anomalías de Ingeniería de la Universidad de Princeton (PEAR), dirigido por Robert Jahn, investigó posibles efectos mentales sobre sistemas físicos. Los resultados publicados fueron controvertidos y generaron críticas dentro de la comunidad científica, especialmente en lo relativo a la replicabilidad.
Davis recoge estos trabajos como parte del panorama general, pero no los presenta como pruebas concluyentes de teleportación psíquica.
El caso Uri Geller
Uno de los nombres que más aparece en este contexto es el de Uri Geller. Fue evaluado en el SRI bajo condiciones controladas, en el marco del interés gubernamental por posibles capacidades psíquicas.
Su figura está rodeada de controversias y acusaciones de fraude. No es el propósito aquí resolver ese debate. Lo relevante es que su evaluación se produjo dentro de un entorno científico y que existen miles de documentos desclasificados relacionados con estas investigaciones.
Entre los documentos desclasificados relacionados con el Proyecto Stargate se encuentran informes de experimentos realizados con el mentalista Uri Geller, llevado a cabo entre el 4 y el 11 de agosto de 1973 en condiciones de aislamiento, donde se le pidió reproducir dibujos que otros investigadores habían creado sin que él los viera. Estos documentos están disponibles en los archivos oficiales de la CIA.
¿Qué demuestra todo esto?
Nada de lo anterior constituye una prueba de teleportación psíquica.
Lo que demuestra es que, durante décadas, en el contexto de la competencia estratégica internacional, diversas agencias consideraron prudente investigar fenómenos que hoy muchos descartarían de inmediato.
Davis recoge esta información para contextualizar su apartado sobre P-Teleportation. No afirma que el fenómeno esté demostrado. Señala que ha sido objeto de estudio formal.
Y eso nos coloca ante una pregunta incómoda:
Si la física impone límites severos a la teleportación tecnológica y cuántica, ¿por qué gobiernos enteros dedicaron recursos a explorar la posibilidad de influir mentalmente sobre la materia?
En la próxima entrega cruzaremos el Telón de Acero y analizaremos cómo la Unión Soviética abordó estos mismos fenómenos bajo el paraguas de la llamada psicotrónica. Continuamos.



