Teleportación en la Ciencia Ficción

¿Es posible la teleportación?: SF-teleportación

En el primer artículo de esta serie nos limitamos a situar el marco general del Teleportation Physics Study. Y a comprender desde qué lugar escribe su autor. En esta segunda entrega, comenzamos ya a desgranar el contenido del informe, empezando por el concepto más reconocible y, paradójicamente, el que Davis descarta con mayor rapidez. Lo denomina SF-Teleportation, y se podría traducir como la teleportación en la ciencia ficción.

El escenario de la teleportación

Probablemente, una de las partes más asequibles de todo el documento, al menos desde el punto de vista conceptual, es la que Davis denomina Teleportation Scenario. En este apartado, el autor describe el modelo clásico de teleportación tal y como ha sido imaginado por la ciencia ficción, con el objetivo de analizar sus implicaciones reales y, sobre todo, sus limitaciones.

La ciencia ficción, ha planteado desde hace décadas, la necesidad de que futuros exploradores espaciales puedan desplazarse de forma casi instantánea, desde una nave en órbita, hasta la superficie de un planeta.

O, que personal militar pueda trasladarse rápidamente, desde una base a otra localización remota, para llevar a cabo una misión. Más allá aún, se ha fantaseado con la posibilidad de que colonos espaciales, se desplacen desde la Tierra a otros planetas con todos sus enseres. De manera mucho más rápida y cómoda que utilizando una nave espacial, por avanzada que esta fuese.

El teletransportador: una idea familiar

Según este modelo, las personas y sus pertenencias serían introducidas en un “teletransportador”, donde un sistema de escaneo analizaría y codificaría toda la información cuántica contenida en los objetos animados e inanimados. Dicha información sería convertida en bits, generando un patrón digital tridimensional completo.

Ese patrón, sería transmitido hasta su destino, mediante lo que Davis describe como un haz de confinamiento. Y un segundo teletransportador se encargaría de recombinar la información recibida para reconstruir el objeto original, átomo a átomo, sin errores.

Para cualquier aficionado a la ciencia ficción, este procedimiento resulta inmediatamente reconocible. No es necesario entender cómo funciona para aceptarlo como una convención narrativa perfectamente asumida.

Las preguntas que la ciencia ficción no responde

Sin embargo, Davis subraya que este planteamiento deja abiertas numerosas preguntas fundamentales cuando se analiza desde la física real.

El cuerpo humano está compuesto por aproximadamente 10²átomos, organizados en un patrón de complejidad extrema. ¿Cómo codificar toda esa información en bits? ¿Cómo desensamblar ese patrón, transmitirlo y volver a ensamblarlo sin errores? Y, más aún, ¿es el ser humano únicamente la suma de todos sus átomos?

En el hipotético caso de que ese problema pudiera resolverse, surgen otras cuestiones inevitables. ¿Qué ocurre con la consciencia del individuo teletransportado? ¿Qué pasa con su identidad, o con aquello que algunos denominarían alma o espíritu?

Davis deja claro que estas últimas preguntas quedan fuera del ámbito de su estudio, pero no elude las implicaciones físicas y técnicas del proceso.

Los límites físicos insalvables

El informe aporta algunos datos que ayudan a poner en perspectiva el problema. Para codificar digitalmente a un ser humano sería necesario un volumen de información del orden de 10²⁸ kilobytes. Un sistema de almacenamiento con esa capacidad no existe. De hecho, para almacenar dicha información serían necesarios del orden de 10²⁰ discos duros de unos 40 gigabytes cada uno.

Conviene, además, poner estas cifras en perspectiva desde el punto de vista actual. El estudio de Davis fue elaborado a comienzos de la década de 2000, en un contexto tecnológico muy distinto al nuestro. Sin embargo, actualizar los números no suaviza el problema; al contrario, lo hace aún más evidente.

Cuando el informe habla de 10²⁸ kilobytes de información para codificar digitalmente a un ser humano, está describiendo un volumen de datos que equivale aproximadamente a 10³¹ bytes. Traducido a unidades contemporáneas, estaríamos hablando del orden de diez millones de yottabytes de información para una sola persona.

Para tener una referencia clara, en la actualidad la cantidad total de datos digitales generados y almacenados por toda la humanidad se sitúa en el rango de los zettabytes. Varios órdenes de magnitud por debajo de esa cifra. Un solo yottabyte equivale a mil zettabytes. Dicho de otro modo: incluso utilizando todos los centros de datos del planeta, todas las infraestructuras de almacenamiento en la nube y todos los sistemas de memoria existentes, no alcanzaríamos ni una fracción mínima de la capacidad necesaria para almacenar la información completa de un único ser humano.

Si lo llevamos a dispositivos concretos, el contraste resulta aún más revelador. Un disco duro moderno de gran capacidad ronda hoy los 20 terabytes. Para alcanzar el volumen de información descrito por Davis serían necesarios del orden de cientos de miles de billones de discos duros, fabricados, alimentados y mantenidos únicamente para almacenar la “copia digital” de una sola persona.

No es solo un problema de almacenamiento

Y todo esto se refiere únicamente al problema del almacenamiento. No contempla el tiempo necesario para leer y escribir esa información, ni la energía requerida para desmaterializar un cuerpo humano, transmitir sus datos y reconstruirlos sin error. En este punto, el obstáculo ya no es tecnológico, sino físico.

Así, a pesar de los avances espectaculares en computación, miniaturización y almacenamiento desde que se publicó el informe, la conclusión de Davis sigue plenamente vigente: la teleportación al estilo de la ciencia ficción no es inviable porque aún no dispongamos de la tecnología adecuada, sino porque choca frontalmente con límites fundamentales de información, energía y tiempo que, a día de hoy, permanecen inalterados.

Además, incluso suponiendo que ese almacenamiento fuera posible, el tiempo necesario para acceder y procesar la información, a las velocidades potenciales en el año 2000, sería de unas 2.400 veces la edad del universo. Y, aún traducida estas cantidades a nuestros tiempos tecnológicos, el problema no mejora.

Y un problema de energía

A esto hay que añadir el problema energético. Según los cálculos expuestos en el informe, la energía necesaria para desmaterializar y volver a materializar un ser humano equivaldría aproximadamente a la liberada por 330 bombas termonucleares de un megatón cada una.

La conclusión es clara: la tecnología necesaria para hacer realidad este tipo de teleportación no existe, y no puede existir dentro del marco de la física conocida. Solo invocando una física completamente nueva, capaz de superar estos límites energéticos, podría plantearse algo semejante.

Una frontera clara

Por este motivo, Davis clasifica la teleportación en la ciencia ficción como un concepto útil a nivel cultural e imaginativo. Pero no relevante desde el punto de vista científico dentro de su estudio. Es el punto de partida necesario, para separar lo familiar de lo investigable. Y para dejar claro que, si la teleportación es posible, no lo será del modo en que la ficción nos ha acostumbrado a imaginarla.

Descartada la teleportación tal y como la ha imaginado la ciencia ficción, el informe no se detiene ahí. Una vez separados los límites de lo tecnológicamente imposible de lo que aún puede ser cuestionado, Davis dirige la mirada hacia conceptos que desafían el marco físico convencional. En la siguiente entrega nos adentraremos en la denominada E-Teleportation, una forma de teletransporte que no recurre a escáneres ni a recombinaciones atómicas, sino a la hipótesis de dimensiones espaciales adicionales y universos paralelos. Un terreno especulativo, sí, pero que ha sido abordado desde la física teórica con más seriedad de la que cabría imaginar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Juan Carlos Soriano Hernández, como Responsable de tratamiento de datos de Quaestio Omnia, te comunica que la finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales se debe a gestionar  y responder a tus comentarios, así como el control anti-spam. La Legitimación se establece al marcar la casilla de aceptación, dando tu legítimo consentimiento. No se cederán datos a terceros destinatarios, salvo por obligación legal. Tienes Derecho a acceder, rectificar, limitar y suprimir tus datos. Para ello contacta con

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll al inicio
Quaesto Omnia - Cuestionarlo Todo
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible.

La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes consultar nuestra Política de Privacidad.